
Jennifer Aniston se cuida muchísimo y es una fan declarada del agua embotellada.
Que el agua es indiscutible fuente de salud, no lo ponemos en duda. Todos sabemos que nuestro cuerpo es agua en casi un 70%. El agua interviene en procesos vitales como la respiración, digestión, eliminación de toxinas, termorregulación, transporte de nutrientes, producción de fluidos (sangre, saliva, lágrimas), control de la acidez, reparación celular, hidratación y elasticidad de la piel, y muchos otros procesos químicos y fisiológicos. Evidentemente, su consumo permanente es indispensable.
Pero, ¿en qué cantidad, bajo qué condiciones y de qué manera ha de consumirse? Te enumeramos una serie de mitos que circulan en torno al consumo de agua desde hace algunos años por la red…
Mito 1. Debes beber como mínimo 8 vasos de agua al día.
La cantidad de agua que una persona sana necesita depende del peso, de la actividad física que realice y de la estación del año. Además hay que tener en cuenta el líquido que obtenemos a través de otras fuentes (frutas, vegetales, productos frescos, sopas…). Y la edad: cuanto mayores somos, más lentamente absorbe el agua nuestro cuerpo. Después de los 30, se recomienda aumentar gradualmente la ingesta de líquidos a través de vegetales y fruta, ya que están cargados de agua pero su tránsito es más lento, el cuerpo puede absorberla mejor.
Mito 2. El agua embotellada es más sana que el agua del grifo
Cierto, pero solo si el agua proviene de una fuente genuina (ejemplo, fuente de manantial, etc.). Desafortunadamente, esto solo lo cumple un tercio del agua embotellada, el resto se purifica de manera artificial, y su composición no siempre se corresponde con lo que dice la etiqueta.
Mito 3. Tras un intenso esfuerzo físico, mejor beber agua con gas
Verdadero. El agua con gas ayuda a restablecer el balance electrolítico.
Mito 4. Es más sano beber agua caliente
Depende. En contra de lo que circula por la red, el agua caliente no ayuda a sobrellevar las altas temperaturas del verano (al contrario, potencia la sensación de calor) ni es la solución definitiva para entrar en calor en invierno (aunque sí ayudan las infusiones tibias). Pero sí que es cierto que beber agua a temperatura ambiente o un par de grados más elevada, beneficia el organismo evitando el impacto de un cambio brusco en la temperatura interna del cuerpo. Además tiene un efecto vasodilatador sobre los tejidos con los que entra en contacto directo al ser consumida. Dicha vasodilatación o expansión, produce de manera inmediata, un aumento de la irrigación sanguínea, y por ende, de oxigenación, con lo cual se beneficia en primer lugar, el proceso digestivo, y colateralmente, se produce un estímulo de las vías respiratorias y se relaja la tensión.
Mito 5. El agua destilada es la más sana de todas
Falso. Y la razón es simple: el agua destilada carece de minerales, y necesitamos nuestra dosis diaria de minerales no solo de la ingesta de verduras y frutas, sino del agua.
Mito 6. Tras ejercicio intenso, mejor no beber agua ni muy fría ni en grandes cantidades
Verdadero, cuídate de entrar en choque térmico, peligrosísimo para tus pulmones y corazón. Y en cuanto a la cantidad, rehidrátate y siente que tu temperatura corporal va disminuyendo, pero si llenas tu estómago con demasiada agua, será mucho más difícil regular la respiración.


