Si escuchas la palabra toxina botulínica, quizá esta te suene a chino mandarín, pero si te explicamos un poco más, vas a decir eso de» Ah ,vale ahora sí…», la toxina botulínica de tipo A, es el nombre de una proteína que se utiliza es algunos tratamientos médico-estéticos, su nombre comercial es botox, y es el nombre con el que la mayoría identificamos a esta proteína.
En la década de los 80, algunos neurólogos y oftalmólogos utilizaban la toxina botulínica para tratar algunas dolencias (estrabismo y parpadeo continuo…), pero hasta 2002 no se utilizó con fines cosméticos, en España las autoridades sanitarias autorizaron el uso de un derivado de la toxina botulínica con fines estéticos a finales de 2004.
El uso de la toxina botulínica como técnica de rejuvenecimiento facial fue de forma casual. Los oftalmólogos que la empleaban para tratar algunas patologías, observaron que las arrugas y líneas de expresión que estaban en la zona del entrecejo se reducían y suavizaban.
El bótox no es sólo una herramienta para borrar el paso del tiempo del rostro, o el elixir de la eterna juventud, aunque ese es el uso más conocido entre la sociedad. Seguramente te estás preguntado cómo se aplica el tratamiento, la toxina se inyecta en las terminaciones nerviosas, y actúa en la unión neuromuscular (las zonas en las que se contraen los músculos, y dicha contracción con los años se convierte en arruga) actúan sobre el músculo responsable de que aparezca las arrugas el rostro trabaje menos.
Es uno de los tratamientos más demandados entre nuestros pacientes y que si se administra de forma coherente (el bótox no es para cambiar los rasgos de una persona, la finalidad es suavizar el paso del tiempo en el rostro) y lo realiza un especialista en la materia, se obtienen unos magnificados resultados.
Pese a su popularidad, su uso no está exento de críticas -dejando de lado la polémica de si se debe o no tratar el pasa tiempo- en los últimos años hemos visto, como se ha atacado algunos personas, especialmente a actrices de Hollywood que se han realizado este tratamiento. Sí que es cierto que, cuando se produce un abuso de dicha sustancia la cara acaba siendo inexpresiva (Nicole Kidman es un claro ejemplo de cómo no debe utilizarse). El éxito del tratamiento depende en gran medida de la habilidad del médico o cirujano que lo realiza. Los médicos intentan inyectar lo mínimo para que el resultado final sea lo más natural posible. Conocer a la perfección cada músculo del rostro y saber las particularidades de la toxina permiten que el resultado final sea armonioso, y en eso son expertos los cirujanos de Clínicas Dorsia.
Además de reducir el efecto del paso del tiempo del rostro, el botox, como hemos comentado al inicio del post, se utiliza desde hace tiempo para curar diferentes patologías, una de ellas es la distonía cervical, una enfermedad neurológica que ocasiona contracciones en el cuello y en los hombros, y también dan buenos resultados los tratamientos de toxina botulínica para personas con sudoración excesiva en las axilas y manos.



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